Por Joaquín Walker, Subdirector Ejecutivo de Elige Educar
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La celebración del Día Internacional del Trabajador estuvo marcada por la discusión de la Reforma Laboral impulsada por el Gobierno -incluido el rechazo del Tribunal Constitucional a la titularidad sindical-. En este contexto, hemos discutido como país sobre el valioso rol de las organizaciones de trabajadores, pero no nos hemos detenido lo suficiente a reflexionar sobre el trabajo colaborativo que ejercen los docentes y los demás miembros de las comunidades educativas, tanto en su organización como en su quehacer cotidiano.
Por eso es importante relevar el concepto de un colegio colegiado. Este concepto hace referencia a un establecimiento educacional que realiza un trabajo comunitario y colaborativo, que trabaja colegiadamente -conjuntamente- y que reconoce su valor e identidad colectiva, más allá de los individuos que la componen. Un colegio colegiado es aquel que favorece la organización de sus miembros y que promueve un ambiente de colaboración.
Sin embargo, en una cultura predominantemente individualista como la nuestra, los proyectos colectivos y las relaciones horizontales no son fáciles de impulsar. Tampoco en las escuelas. Y es particularmente relevante promover el compromiso por otros y con uno mismo en los establecimientos educacionales. Gabriela Mistral se preguntaba, “si no realizamos la igualdad y la cultura dentro de la escuela, ¿dónde podrá exigirse estas cosas?”.
Los colegios son pequeños países, reflejan lo que somos, pero también lo que aspiramos a ser. Si proyectamos el futuro, miremos lo que hacemos en nuestras escuelas. ¿Estamos formando ciudadanos comprometidos con las personas? ¿Estamos educando y viviendo los valores democráticos que como país queremos? Las respuestas a estas preguntas no las vemos sólo en la estructura de la escuela, en las políticas que las rigen ni en el currículum (elementos que ciertamente influyen en este aspecto). También las podemos ver en el ethos comunitario del colegio, en nuestras organizaciones y en nuestras relaciones laborales y humanas.
Siempre un camino es exigir –con justicia o no– al otro que haga lo suyo (autoridad, Estado, colega, profesor, estudiante, apoderado), pero, ¿nos organizamos como profesores, estudiantes o apoderados para fortalecer el ejercicio de nuestros derechos y asumir grupalmente nuestras responsabilidades con la comunidad-escuela y la comunidad-país? ¿Reflexionamos en conjunto sobre las prácticas pedagógicas que dan (o no) resultado con nuestros estudiantes, o las guardamos para nosotros? ¿Compartimos las planificaciones, pruebas y material pedagógico en general? ¿Nos involucramos como apoderados en la educación de nuestros hijos?
Sin duda necesitamos normativas que fortalezcan el trabajo comunitario y el diálogo social, como puede darse con una reforma laboral. Necesitamos sindicatos robustos, colegios de profesionales activos, centros de padres, de estudiantes, de profesores y apoderados empoderados y responsables. En definitiva, junto con reformas estructurales, necesitamos mirar las prácticas que dependen de nosotros como organización y afiliarnos por las causas –institucionales y comunitarias– que trascienden al individuo. Necesitamos fortalecer el trabajo comunitario desde las escuelas, para que –con colegios colegiados– podamos proyectar un país comprometido con la educación y la humanidad.
Y tú, ¿qué opinas sobre la importancia de la organización de las comunidades educativas en los colegios? Comenta con nosotros.
