La Ley de Inclusión, que rige desde hace dos meses en nuestro país, puso fin a la selección en los colegios que reciben subvención estatal. Sin embargo, la normativa no da pautas sobre la opción de seleccionar dentro del mismo establecimiento. Por lo tanto, cada colegio podría eventualmente separar a los estudiantes según sus resultados académicos o comportamiento, entre otros factores. Justamente, de eso vino a hablar a Chile Anna Chmieleswski, Doctora de sociología de la educación y académica de la Universidad de Toronto.
Este tema es muy importante porque incide directamente en la labor docente. El hecho de tener aulas más heterogéneas requerirá que los profesores trabajen con diferentes perfiles de alumnos y por lo tanto, que planifiquen sus clases en relación a esa heterogeneidad.
Anna conversó con El Mercurio sobre las aulas más diversas y recomendó capacitar y dar más número de horas no lectivas a los profesores del país. A continuación puedes leer la nota completa del diario.
Anna Chmielewski, académica de la Universidad de Toronto:
Cursos más heterogéneos requerirán profesores que sepan planificar para los diferentes perfiles de los alumnos
Por Margherita Cordano
Ante salas más diversas a causa del fin de la selección de alumnos, la doctora en sociología de la educación recomienda capacitar y dar más número de horas no lectivas a los docentes del país.
Hasta 18 puntos menos pueden obtener en la prueba Simce los colegios que agrupan a sus alumnos según desempeño, concluye un estudio de los académicos Ernesto Treviño (Centro de Estudios de Políticas y Prácticas en Educación de la Universidad Católica, Ceppe) y Juan Pablo Valenzuela (Centro de Investigación Avanzada en Educación de la Universidad de Chile, CIAE).
Aunque las causas del fenómeno todavía se estudian, una hipótesis es la desigualdad en los recursos educativos: el grupo de mejores alumnos tendría acceso a los mejores profesores, dejando en desventaja a sus compañeros.
Los resultados suponen mayor dificultad para entregar educación de calidad a todos, uno de los objetivos detrás de la ley de inclusión que rige desde hace dos meses en el país. Aunque esta establece el fin de la selección en los colegios que reciben subvención del Estado -llevándolos a escoger de forma aleatoria a sus alumnos, dejando de lado los requisitos de admisión-, la ley no entrega pautas respecto de la posibilidad de seleccionar dentro de los mismos establecimientos. Es decir, cada institución podría separar a sus estudiantes de acuerdo con los resultados académicos que obtengan.
“Prohibir que los colegios agrupen por desempeño no es una medida que se vea mucho alrededor del mundo, pero creo que es una que debiera empezar a considerarse. Y no me refiero a la necesidad de prohibir todo tipo de selección intraescolar, pero sí de fijar ciertos límites que ayuden a fomentar la equidad”, comenta Anna Chmielewski, doctora en sociología de la educación y académica del Instituto Ontario para Estudios en Educación de la Universidad de Toronto.
La semana pasada, la canadiense estuvo de visita en el país invitada por las universidades Católica y de Chile. El objetivo fue compartir visiones en torno a la selección intraestablecimientos, un tema al que ella dedica su investigación.
“Una clase más heterogénea implica la posibilidad de que todos aprendan con los mismos recursos, sin que unos se beneficien más que otros porque en principio se consideró que tenían más talento. Cuando se arman cursos en base a resultados académicos, estos tienden a ser muy poco flexibles y a no variar en el año. En muchos casos, estos se preparan sin siquiera considerar el potencial o capacidad de superación de los niños; a veces, solo se mira el perfil de sus padres”, comenta Chmielewski.
Sin frustraciones
La académica sabe que es difícil desarraigar de un día para otro una tradición que muchos colegios practican hace años. En Chile, por ejemplo, se estima que el 41% de los establecimientos educacionales que solo cuentan con enseñanza media agrupan a sus alumnos en base a su desempeño.
Por eso, en principio, su sugerencia es la de cambiar la idea de seleccionar entre cursos, a la de agrupar de forma diferenciada dentro de una misma sala. Bajo este escenario, la tarea es otra: se requiere de profesores altamente capacitados para planificar de forma diferenciada. “Es algo que no se puede pasar por alto si se está pensando en una reforma que apunta a clases mucho más heterogéneas”, dice, aludiendo a la necesidad de no desmotivar a los alumnos más avanzados en cierta materia, y no frustrar a quienes no avanzan tan rápido como otros.
La recomendación no es hacerlo siempre, sino de forma esporádica y distinguiendo entre ramos. En su experiencia, en países anglosajones -los más propensos a agrupar dentro del aula-, la diferenciación dentro de una misma sala suele ser común en Matemáticas o Ciencias. “Donde los tópicos a tratar son más secuenciales y tienden a construirse sobre sí mismos”.
Para lograr que este tipo de planificación funcione en un país como Chile, es necesario que los profesores cuenten con más horas no lectivas: se estima que un profesor trabajando 35 horas a la semana, pasa 315 minutos frente a su curso y que en los restantes 105, almuerza, atiende apoderados y prepara pruebas. Si no quiere llegar a su casa a trabajar, su tiempo para planificar en el colegio se reduce a 15 minutos.
“Ante el panorama de clases más diversas, es necesario que el país se enfoque en enseñar a sus futuros profesores a trabajar con todo tipo de alumnos. También es importante recordar que se necesita capacitar a los docentes que ya están en el aula”.
Reiteramos la importancia de este tema porque, como dice Anna en la nota, tener cursos más heterogéneos que no están armados en base a resultados académicos implica que todos aprendan sin que unos se vean más beneficiados que otros. Eso hará que los docentes tomen en cuenta el potencial de superación de los niños en su conjunto, apoyándose y aprendiendo entre todos.
Comenta con nosotros la manera en que los profesores se pueden desenvolver en aulas heterogéneas.

