El mes de marzo pareciera marcar el real inicio del año. Poco a poco comenzamos a adentrarnos en la dinámica propia de este período, con todos los vaivenes que esto implica: tráfico, rutina, compras, entre otros. El inicio del año escolar, aunque ya conocido, es siempre un desafío para los niños y niñas y, por lo tanto, para los padres y profesores.
Es importante tener en cuenta que este hito, como todo cambio, puede generar ansiedad en las personas, y la forma de ser abordada dependerá mucho de la etapa en la que nos encontremos.
Conversamos al respecto con la psicóloga del Programa “Habilidades para la vida” de la comuna de Quilicura, Isabel Martínez, sobre esta tema, quien nos compartió varios puntos a considerar para que los padres puedan apoyar de la mejor manera posible a sus hijos en este regreso a clases.
Reacción frente a los cambios
Según la psicóloga, “los niños y niñas pueden expresan su ansiedad de diferentes maneras, pudiendo mostrar signos de angustia en todas sus formas, desde llanto hasta dolencias físicas, incluso de manera anticipada al inicio del colegio o frente a un cambio de colegio o de curso”. Todas estas reacciones, explica la profesional “son reacciones muy esperables”. En el caso particular de los más pequeños, “esto se explica porque las separaciones las viven como si fueran permanentes y continuas”.
Es prudente considerar además que, en los primeros niveles de enseñanza -salas cunas, jardín infantil- la experiencia puede ser un tanto diferente respecto de los niños que cursan ciclos mayores.”Saber con antelación cómo será su adaptación a este nuevo espacio es imposible; cada niño lo vivirá de una manera única”, señala.
Participación activa: la clave del proceso
Frente a la incertidumbre de no saber cuál fácil resultará la adaptación de nuestros niños a estos cambios, el rol de los padres resulta fundamental. Es clave que ellos participen de manera activa en esta etapa de transición. ¿Cómo? Isabel Martínez sugiere a los padres realizar las siguientes actividades en conjunto con sus hijos:
- Involucrar a los niños en la toma de decisiones. Resulta muy positivo involucrarlos en aspectos tan simples como la vestimenta, los útiles, entre otros.
- Tomar acuerdos con ellos. Esto resulta fundamental para la recuperación de rutinas y para lograr coordinar la organización de los deberes y los tiempos de juego.
- Evitar comparaciones. No hay que perder de vista que es una etapa que afecta a niños, niñas y adultos de manera diferente.
- Ser empático. Es importante acoger y validar las emociones que se generan en los niños y niñas en esta etapa.
- Saber negociar. Establecer negociaciones de rutina y responsabilidades con los niños y niñas cuyas resoluciones dejen satisfechas a las partes involucradas.
Entre los beneficios de, por ejemplo, involucrar a los hijos en la toma de decisiones respecto del regreso a clases está el que a partir de esta consideración, ellos adquieren un mayor compromiso con el proceso escolar durante el año. “En una familia hay reglas que son negociables y otras que no”, explica la experta. “A modo de ejemplos, no se negocia si ellos deben o no asistir al colegio; esa es una responsabilidad que deben cumplir a no ser que existan impedimentos de fuerza mayor. Y si está lloviendo, no se negocia si deben abrigarse; lo que se negocia es si usan un abrigo rojo o una parka azul. Como siempre, lo importante es negociar decisiones que le hagan bien a la relación” enfatiza la psicóloga.
Por otra parte, que existan tiempos claros y definidos para el cumplimiento de obligaciones y para el juego, es de suma importancia para su bienestar. “Desde la perspectiva adulta, cuando sentimos que nuestra vida se dedica casi exclusivamente al cumplimiento de responsabilidades, obligaciones y deberes, se genera un malestar interno que puede derivar en múltiples consecuencias, que van desde sentimientos de cansancio intensos hasta enfermedades de salud mental (trastorno por estrés agudo, ansiedad, dolencias somáticas, entre otros). En el caso de los niños y niñas esto no es diferente”, explica. “Por eso lo más importante es que como padres podamos acompañarlos en este período desde el punto de vista emocional, validando lo que sienten en lo referente a la rabia, angustia, pena, etc., ¿manifestando una actitud tranquilizadora y dialogante en torno a la nueva experiencia”.
