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Columna “¿Todo en manos de la vocación de los profesores?”

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Columna “¿Todo en manos de la vocación de los profesores?”

Escrito por: Equipo Elige Educar

mayo 14, 2014

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Fernando Sáez, profesor y parte de nuestro equipo en Elige Educar, escribió esta columna en Ciper y se las queremos compartir:

Mientras se discuten los alcances de la reforma educacional que propone el gobierno, el autor de esta columna pone el acento en la retribución que reciben los docentes y la valoración social de su oficio: “Llevamos años gritando consignas y exigiendo y proponiendo reformas que pongan la calidad de la educación en el centro de las prioridades, pero nos ha faltado preguntarnos: ¿es aceptable que al cuarto año de ejercicio los docentes de mejor desempeño abandonen para siempre la sala de clases? ¿Es aceptable que un profesional de la educación gane menos de $500 mil y que no hagamos nada por modificar un panorama que, sabemos, repercute directamente en las condiciones de aprendizaje de nuestros niños?”.

Es común escuchar hablar de la retribución que significa para nosotros, los docentes con vocación, ver los aprendizajes de nuestros estudiantes y cómo, gracias a esos aprendizajes, se van transformando en parte activa de una sociedad. Pero que quede claro: un profesor no mantiene una familia con vocación y es un hecho rotundo que la remuneración que recibe un profesional de la educación no se condice con el aporte que hace al país.

Académicos de la Universidad de Harvard publicaron en 2011 los resultados de un proyecto que permitió clarificar la deuda pendiente del sistema educativo norteamericano respecto a los bajos sueldos que recibe su profesorado. How Does Your Kindergarten Classroom Affect Your Earnings? Evidence from Project STAR es el nombre de este estudio, que calculó cuál debía ser la remuneración de un docente norteamericano de buen desempeño, valorando el impacto económico que a futuro tiene su labor. Así, el estudio relacionó la calidad del profesor de un grupo de estudiantes en la época de kindergarten con la trayectoria laboral de cada uno en los años posteriores. ¿Resultado? El ejercicio confirmó que el docente era el factor de mayor impacto sobre el buen desempeño laboral posterior del estudiante. Dicho estudio determinó, además, que valorar económicamente el efecto de un profesor óptimo en la primera edad de un niño, ameritaría un salario de US$320 mil dólares, equivalente a más de $12 millones al mes.

Importantes estudios internacionales dicen que los mejores sistemas educativos del mundo consideran como sueldo base inicial para sus profesores un monto promedio cercano al 97% de su PIB per cápita. Sin embargo las cifras promedio de Chile, aun considerando la desigualdad existente en este indicador, bordean el 50%, ubicándonos entre los países que ofrecen las remuneraciones más bajas a sus docentes. Si queremos hacer realidad el derecho social a una educación de calidad, debemos hacernos cargo como país de esta realidad. La educación no es un negocio, pero tampoco puede ser un voluntarismo vocacional de miles de profesores. Las buenas condiciones de enseñanza para los alumnos, van de la mano de buenas condiciones laborales para los profesores. Esto no es una cuestión solo gremial, como muchas veces tiende a simplificarse, y tampoco significa que los profesores quieran ser millonarios. Simplemente, vale para hacer el punto acerca de la total contradicción que existe en relación a la importancia que le damos a la educación y lo poco que valoramos el trabajo de los profesores.

Importantes estudios internacionales (Mckinsey, por nombrar sólo uno) nos dicen que los mejores sistemas educativos del mundo consideran como sueldo base inicial para sus profesores un monto promedio cercano al 97% de su PIB per cápita. Sin embargo las cifras promedio de Chile, aun considerando la desigualdad existente en este indicador, bordean el 50%, ubicándonos entre los países que ofrecen las remuneraciones más bajas a sus docentes.

Pero, tan importante como esa cuantificación económica, es la valoración social: ¿Estamos conscientes de la escasa valoración que le otorgamos a los pedagogos? Llevamos años gritando consignas y exigiendo y proponiendo reformas que pongan la calidad de la educación en el centro de las prioridades, pero nos ha faltado preguntarnos: ¿es aceptable que al cuarto año de ejercicio los docentes de mejor desempeño abandonen para siempre la sala de clases? ¿Es aceptable que un profesional de la educación gane menos de $500 mil y que no hagamos nada por modificar un panorama que, sabemos, repercute directamente en las condiciones de aprendizaje de nuestros niños?

Siendo este el escenario, ¿no debiese ser este problema una arista principal de la reforma que discutimos? ¿No es un verdadero escándalo que dejemos que los buenos profesores, los más preparados, los que comienzan su carrera motivados, con ganas de transformar la vida de sus estudiantes, deserten de su vocación o -en el mejor de los casos- abandonen los colegios donde más se les necesita y opten por desempeñarse en establecimientos de mejor situación socioeconómica?

Los grandes profesores que Chile necesita existen. Muchos están en las salas de clases, otros se encuentran formándose en las universidades, otros son simplemente estudiantes de las más diversas escuelas de Chile esperando un empujón para hacer realidad su vocación. Nuestro país necesita urgentemente asegurarles una mejor realidad laboral y una mayor valoración social que les motive a entrar a la docencia o mantenerse en las salas de clases, donde pocas personas y autoridades parecieran querer mirar. Así, el futuro de Chile no puede sustentarse sólo en la vocación de sus profesores, sino en una política de Estado que ponga el énfasis en el aprendizaje de sus niños y niñas y en la importancia de sus docentes. Necesitamos que en la reforma que hoy discutimos los actores claves sean la prioridad.

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