Columna de Jorge Schiappacasse en El Dínamo:
No haré una introducción pomposa o literaria, simplemente usaré un dato: En Finlandia las carreras de pregrado de pedagogía seleccionan a estudiantes que provienen del 30% mejor de cada generación y de cada 10 que seleccionan solo 1 es titulado como profesor. En Chile la realidad es lamentablemente diferente. Según estudio de Alejandra Mizala (2010), los estudiantes que tienden a ser seleccionados en pedagogía son aquellos de menor ranking escolar, lo cual se profundiza aún más si lo vemos en comparación a las otras carreras universitarias. Las pedagogías reciben a estudiantes con menor promedio de notas de enseñanza media y menor promedio PSU, es decir, sin importar el mecanismo de selección que usemos, las carreras de pedagogías están por debajo de la línea de selectividad.
Quizás frente a todo esto la pregunta que muchos se pueden decir es ¿por qué importa tanto la selectividad? Pues bien, en momentos en que se quiere cambiar el paradigma de la educación, es necesario que cambiemos el paradigma de lo que entendemos por formar profesores.
Debemos empezar a entender que no cualquiera puede ser profesor, lo cual no se basa a un mero capricho, sino en entender que ser un buen profesor no es fácil y requiere de personas talentosas y con vocación. Por esto es que como país, necesitamos tener universidades selectivas que al menos partan sus procesos de formación con estándares altos, sabiendo siempre que esto es solo uno de los miles de pasos necesarios.
Sin embargo al mismo tiempo que exigimos universidades selectivas, debemos exigir ser selectivos con las universidades que imparten pedagogía. Porque si sabemos que ser profesor es difícil, formar a los profesores es tanto o más. La necesidad de adecuar el currículum a las necesidades actuales, el diseñar practicas que enseñen al estudiantes las necesidades del aula y prepárarlos en habilidades blandas a enfrentar una sala de clase son requerimientos que no se establecen de un día para otro y requieren recursos financieros y humanos al más alto nivel
Para terminar, evitaré nuevamente un final pomposo o literario y simplemente usaré un hecho: La consecuencia por no cumplir con la obligatoriedad de acreditación de las carreras de pedagogía es no poder recibir financiamiento del estado. Es decir si una universidad no cumple con el mínimos que se pide (estar acreditado por un año) la carrera puede seguir impartiendo pedagogía y puede seguir siendo beneficiaria del crédito con aval del estado, porque sí, el crédito con aval, no es un financiamiento directo para la universidad.
Pedir universidades selectivas y ser selectivos con las universidades no es la solución a los problemas, sino que es simplemente el primer paso, y por lo mismo más que una excentricidad es en verdad justo y necesario.

estoy de acuerdo en cierto punto en su columna, los profesores deben ser los profesionales más preparados de todos, puesto que tienen el futuro de muchas personas en sus manos, pero no estoy de acuerdo que en estos momentos se haga dicha selección, en una cancha desigual quienes serian los futuros profesores, solo aquellos que tuvieron la posibilidad de una educación de calidad ( los que pudieron pagar dicha educación); el sistema de selección debe ser flexible por lo menos en estos momentos donde la cancha esta balanceada hacia un lado…
que exista la selección, pero cuando se igualen las condiciones.