Nuestro director ejecutivo Hernán Hochschild, comenzó un blog en Voces del diario La Tercera y les quisimos compartir su primera entrada: “La educación para la reforma”.
En momentos en que saltan alarmas por bajadas de proyectos y suben las expectativas, nos damos cuenta que el proceso a desarrollarse en la política educacional está cargado de preguntas de difícil solución. Así, probablemente, aquellas personas que en estos momentos son parte del Ministerio de Educación se estarán preguntando inevitablemente sobre la forma y fondo que debería seguir el proceso de la Gran Reforma Educativa.
¿Cómo hacer una reforma educacional sólida, pensando en el largo plazo? ¿Cómo hacer una reforma legitimada socialmente, que realmente expanda la frontera de posibilidades de nuestros niños y jóvenes? ¿Cómo hacer que, en definitiva, todos los niños de Chile -y sobre todo los que encarnan la mayor desigualdad social- tengan la posibilidad de ser incluidos al mundo del aprendizaje?
En lo titánico de lograr instalarse como nuevo Gobierno y al mismo tiempo llevar a cabo esta reforma, no se puede perder de vista justamente “la educación”. Porque es lo propiamente educativo el mejor camino para el buen devenir de la reforma. Conocimiento y diálogo debieran ser sus actores claves; verdaderos contenidos mínimos de cualquier proceso educativo.
Y ahí, a la luz del conocimiento y el diálogo, descubriremos la verdadera magnitud de la reforma. Nos encontraremos con nuevas urgencias, con voces que no han sido escuchadas, y con experiencias que no habían sido consideradas. Ahí, inevitablemente, volveremos a encontrarnos de frente con esa evidencia científica que repetidas veces nos dice que no habrá una gran reforma educacional sin una “nueva profesión docente”, una capaz de lograr que contemos en nuestras aulas con los mejores profesores y educadores; con aquellos que hoy están en el sistema y con los que vendrán.
Y en el diálogo, esa evidencia científica construirá confianza con otros conocimientos. Con el de aquel profesor que constantemente explica a sus amigos que sin tiempo para preparar sus clases es muy difícil hacer buenas clases. O el drama de la educadora de párvulos que escucha que la educación inicial es lo más importante, pero que ve que su profesión es la peor remunerada y la menos valorada. O ese niño, que cuenta cómo entre las 10:00 hrs. y las 11:30 hrs. de los martes aprende y se motiva con su profesor de música, pero que en las horas siguientes sólo ve la espalda del profesor de química, mientras este escribe en la pizarra.
Sin duda son los múltiples conocimientos respecto al sistema educativo y el dialogo entre ellos, los mejores pilares de la Reforma. Serán ellos los legitimadores del proceso, y los capaces de construir las confianzas que permitan a la sociedad en su conjunto validar el proceso que comienza. Como bien ha quedado señalado por quienes comandan este nuevo Gobierno, el diálogo y las múltiples experiencias serán el camino. Porque no se puede construir una Gran Reforma Educacional sin lo más propio de la Educación. El que crea lo contrario, verdaderamente no ha entendido en qué Chile cambió.

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