El psicólogo educacional Juan Luis Cordero, se pregunta ¿qué hacer cuando las cosas no resultan en tu clase? Y su respuesta es la siguiente:
Hay actividades que no logran tener el efecto esperado y a veces sucede justo con aquellas que fueron planificadas con anticipación; pero resultan un fracaso porque los alumnos no entienden el sentido, no participan, se dispersan y desmotivan; y a veces ni siquiera se alcanzan a implementar. Naturalmente que esto frustra porque no se cumplan los objetivos de la clase y el trabajo termina en nada. Independiente de cuáles sean las causas, algo no anda bien y el docente y los alumnos se dan cuenta.
Frente a ese escenario existen básicamente dos alternativas:
a) Insistir hasta que, por medio de retos o castigos, se “ordene” a los alumnos y se “haga” la clase.
b) Suspender lo que se está haciendo y cambiar drásticamente el rumbo, para realizar una acción que genere un quiebre en el clima(escuchar una canción, ver un video, sacar a los alumnos de la sala, dar unos minutos de recreo, etc.) y luego retomar la misma actividad; o proponer otra distinta.
La segunda opción se conoce comúnmente como “plan B” que consiste en una vía alternativa que permite adaptarnos a un escenario adverso y alcanzar los objetivos propuestos. Implementarlo requiere dos cosas: asumir un fracaso, con todo lo que ello implica en términos socioemocionales; e introducir modificaciones, previamente planificadas o surgidas en el momento. Lo ideal es prever con antelación y siempre aprovechar de dialogar sobre la situación con los alumnos, para que comprendan el sentido, se potencie el vínculo y se promueva una autorregulación de su conducta.
El problema es que esto no forma parte de las estrategias que los profesores usan para lidiar con la contingencia. De hecho, es más frecuentes verlos luchar por seguir con la clase como sea, sin alcanzar resultados positivos y sin percatarse de que existen otras opciones menos costosas y más efectivas, sin darse cuenta de que hay un plan B que los puede ayudar a superar esas dificultades y a alcanzar los objetivos pero por otro camino, tal vez más largo y menos directo, pero no por eso menos efectivo.
Hay que partir de la base de que, independiente de cuánto o con qué prolijidad se planifique una clase, siempre se tratará de una apuesta donde los resultados no están garantizados y habrá que asumir riesgos. Como toda apuesta, se dispondrá de cierta cantidad información y se proyectará un posible resultado, pero este siempre dependerá de un sinnúmero de factores que escapan del control de cada uno, por lo que habrá que estar preparados. Más que planificar una segunda clase paralela, se trata de tener conciencia de aquello y de contar con ciertas estrategias que permitan superar esa contingencia sin perder de vista los objetivos fundamentales.
Por último, no hay que olvidar que todas estas acciones y reacciones mencionadas tienen ellas mismas un componente educativo muy fuerte, no hay que olvidar que el ejemplo de ese docente moldea creencias y prácticas de sus alumnos, así como les proporciona estrategias para enfrentar la vida. Si queremos que esos jóvenes cuenten con herramientas para adaptarse a un contexto complejo y cambiante y superar los desafíos que se les vienen por delante; si queremos que realmente tengan tolerancia a la frustración y un alto nivel de flexibilidad y creatividad,debemos educarlos desde el aula; y qué mejor ejemplo que un profesor que asume el fracaso, tolera la frustración y se adapta flexible, creativa y proactivamente a su contexto.


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