Muchas habilidades desarrolladas a temprana edad pueden marcar una diferencia sustancial en nuestro bienestar, no sólo mientras estamos en la escuela, sino también a futuro. Por eso los profesores buscan desarrollarlas en sus estudiantes a través de distintas formas, promoviendo el bienestar y felicidad en sus estudiantes ¿Por qué? Porque un proceso de aprendizaje feliz es un proceso de aprendizaje significativo para toda la vida, y nuestros profesores lo saben. ¿Qué hacen a diario para este objetivo? Te compartimos 9 importantes estrategias que los educadores implementan con sus alumnos y que repercuten positivamente en su felicidad:
1. Desarrollan en ellos la autoconfianza. Con esto buscan empoderar a sus estudiantes en el proceso de aprendizaje, haciéndolos sentir capaces y conscientes de que trabajar los desafíos con perseverancia es la clave para vencer cualquier dificultad. Esto lo logran entregando feedback positivo a los estudiantes durante el proceso de aprendizaje, y prestando todo el apoyo frente a las dificultades.
2. Promueven el trabajo colaborativo. Esto resulta fundamental, pues saber trabajar y valorar el trabajo en equipo constituye una habilidad clave para el siglo XXI. Los docentes buscan desarrollarla promoviendo actividades de trabajo en grupo en que se requiere y valora la participación activa de cada uno de los participantes, buscando la complementariedad de las capacidades y destrezas de cada uno de sus integrantes.
3. Desarrollan la autoeficacia en todos sus estudiantes. La autoeficacia es la percepción que el estudiante tiene acerca de sus propias capacidades o competencias para enfrentar un desafío determinado. Un profesor procura desarrollar un alto el sentido de la autoeficacia desafiando a sus estudiantes con tareas complejas, pero apoyando y destacando sus potencialidades.
4. Identifican y valoran los intereses, preocupaciones y gustos de los estudiantes para vincular a ellos los contenidos. Aprender a través de algo que amamos o nos interesa particularmente puede repercutir en aprendizajes mucho más significativos, y los profesores lo saben. Por eso procuran estar siempre atentos a los gustos y temas de interés de sus estudiantes para, a través de ellos, contextualizar más la enseñanza, vinculando estos temas a los contenidos curriculares y acercándolos de una manera más interesante, logrando que aprenderlos sea toda una experiencia.
5. Construyen un clima de aula seguro. Un clima de aula seguro para el aprendizaje es aquel donde no se castiga el error, sino que se aprovecha como una oportunidad de aprendizaje, dando espacios en las clases para profundizar en el conocimiento mutuo entre el docente y los estudiantes. El desarrollo de este punto es muy importante para un profesor pues sabe que, de manera cotidiana, marca la diferencia en la manera en que un estudiante se dispone –o no- a aprender.
6. Desarrollan entre sus estudiantes una cultura de resolución pacífica de conflictos. En la sala de clases siempre existirán conflicto; lo que marca la diferencia es cómo estos son abordados. Por eso, los profesores procuran trabajar con sus alumnos la importancia de las instancias de diálogo para resolver las diferencias, promoviendo un respeto por las opiniones de cada uno y estableciendo espacios concretos en las clases para conversar colectivamente en torno a una problemática. Los profesores saben que incluso el conflicto representa una instancia de aprendizaje y progreso muy relevante, y que la felicidad también tiene mucho que ver con cómo superamos las legítimas diferencias que existen con otras personas.
7. Desarrollan la autonomía y la creatividad. Los profesores procuran dar espacio a que los estudiantes elijan y tomen decisiones en distintas materias (actividades, lugares, temáticas a discutir, etc.) y se atrevan a explorar diversas formas de resolver un problema, planteando preguntas abiertas donde no necesariamente prima una única respuesta correcta.
8. Promueven la Inclusión a la diversidad. Los docentes procuran evitar los estereotipos y prejuicios negativos sobre algún grupo de estudiantes, cuidando que todos tengan una justa igualdad de oportunidades de aprender, de acuerdo a sus intereses y necesidades.
9. Fomentan un espíritu lúdico. Los profesores son conscientes de que el juego es una poderosa herramienta pedagógica, dada su organización en torno a tiempos, metas y reglas bien definidas. Por eso recurren a la implementación de juegos y dinámicas lúdicas no sólo teniendo presente su utilidad para enseñar y aprender un contenido concreto, sino que también porque potencian el desarrollo de habilidades socioemocionales como la asertividad, el trabajo en equipo, la empatía, la solidaridad, así como también un espíritu de sana competencia, para todas las edades y no sólo para los niños pequeños.
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Como ves, el trabajo diario de un profesor no sólo se enfoca a la entrega de contenidos curriculares, sino que también busca potenciar y desarrollar habilidades y competencias valiosas que promueven un mayor bienestar hoy a futuro. ¡Comparte este artículo!


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